Lo ideal es comerse el pollo recién recogido. Pero a veces la comida se retrasa, o sobra algo (pasa poco, pero pasa). Estos son los métodos que mejor funcionan para que siga jugoso.
En el horno: el mejor método
- Precalienta el horno a unos 170 °C.
- Pon el pollo en una fuente con su propio jugo y un chorrito de agua o caldo en el fondo.
- Tápalo con papel de aluminio y déjalo unos 10–15 minutos.
- Quita el papel los últimos 3–4 minutos para que la piel vuelva a quedar dorada.
En la freidora de aire
Funciona muy bien con el pollo troceado: unos 180 °C durante 4–6 minutos, según el tamaño de las piezas. La piel queda crujiente. Vigílalo para que no se pase.
En el microondas, si no hay otra
Trocea el pollo, ponlo en un plato con un poco de su jugo, tápalo y caliéntalo a potencia media en tandas cortas. Quedará jugoso, aunque la piel no estará crujiente.
¿Y las patatas?
Mejor en sartén con una gota de aceite o en el horno a la vez que el pollo. En el microondas se ablandan.
Cómo guardarlo
Si sobra, deja que se temple y guárdalo en la nevera en un recipiente cerrado. Consúmelo en un par de días. Desmigado, sirve para croquetas, una ensalada o un bocadillo al día siguiente.
Aunque, entre nosotros, lo normal es que no sobre.
