En 1986, Juan y Plácida encendieron el fuego de un pequeño asador en Priego de Córdoba. No había un plan de negocio ni una gran idea detrás. Había una receta sencilla y las ganas de hacerla bien.
La receta era, y sigue siendo, esto: buen producto, una mezcla equilibrada de especias naturales y un asado lento. Sin atajos. Piel dorada por fuera, jugoso por dentro. Lo que se ponía en la mesa de los domingos.
Cambian las manos. No la receta.
Lo que cambia y lo que no
En cuarenta años han cambiado muchas cosas. Las calles, las costumbres, las personas detrás del mostrador. Ha llegado otra generación y, con ella, otra imagen, otra web y nuevas formas de llegar a la gente.
Lo que no ha cambiado es la manera de entender el oficio: elegir bien, preparar con cuidado y respetar aquello que funciona. Continuar algo no es repetirlo sin más. Es entender por qué funcionaba, y seguir haciéndolo bien cuando nadie está mirando.
2026: cuarenta años
Este año la receta cumple cuarenta. Y, después de tanto tiempo, seguimos sin encontrar un motivo para cambiarla.
No es tradición por tradición. Es que sigue funcionando. Y eso lo sabe mejor que nadie quien lleva años volviendo cada fin de semana.
Gracias por seguir viniendo.
